El líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, aseguró que «el brillante futuro de la región del Golfo Pérsico será uno sin Estados Unidos» y defendió una «nueva gestión» del estrecho de Ormuz bajo influencia iraní. El mensaje fue reforzado por el presidente Masud Pezeshkian, quien advirtió que cualquier intento de bloqueo marítimo contra Irán «está condenado al fracaso», y por el titular del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, que insistió en la idea de un Ormuz libre de la presencia estadounidense. Las declaraciones buscan presionar a Washington en medio de negociaciones estancadas.
El analista internacional Ricardo Falla (UARM) sostiene que Irán está jugando una «carta extrema» para sobrevivir, ya que el país pierde alrededor de 500 millones de dólares al día por la reducción de sus exportaciones de petróleo. «Cerrar Ormuz es una carta de negociación extrema: un todo o nada para obligar a Estados Unidos a ceder», explica. El estrecho es un corredor clave por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Falla advierte que el riesgo de escalada es real debido a la alta militarización de la zona, donde basta una mina o un dron para generar un conflicto abierto.
Según The Washington Post, el Pentágono ha diseñado posibles ataques «breves y contundentes» contra Irán, que podrían incluir la toma de la isla de Kharg (centro clave de exportación petrolera) e incursiones en zonas cercanas a Ormuz. El analista señala que el conflicto es un «jaque directo» a Estados Unidos: Trump enfrenta un escenario electoral cercano donde una concesión a Irán podría ser leída como una derrota política. Para el régimen iraní, en cambio, está en riesgo su propia supervivencia, por lo que Teherán podría estar dispuesto a asumir mayores riesgos.
Falla advierte que un eventual control total del estrecho por Irán sentaría un peligroso precedente global al cuestionar el principio de libre navegación que rige el comercio internacional, abriendo la puerta a que otros puntos clave (canal de Suez, estrecho de Malaca) enfrenten situaciones similares. Si estalla una guerra, el petróleo podría superar los 150 dólares y generar caos financiero. Las compañías de seguros tendrían que cubrir pérdidas millonarias en embarcaciones y vidas vinculadas a grandes petroleras. El conflicto se mantiene en un equilibrio inestable, sin avances claros en el diálogo.



