El primer mensaje a la Nación de la presidenta Keiko Fujimori generó un intenso debate entre analistas, políticos y ciudadanos. Mientras sus simpatizantes aplaudieron las promesas de mano dura contra la delincuencia y la reactivación económica, sus críticos señalaron los vacíos en temas como la lucha anticorrupción, los derechos humanos y la reforma del sistema de justicia. ¿Convenció o no la nueva mandataria?
Entre los principales aciertos del discurso, los analistas destacaron la promesa de Fujimori de no reelegirse y de respetar los límites constitucionales. «Fue un mensaje contundente y necesario, que buscó despejar los temores de un nuevo autoritarismo fujimorista. La presidenta fue clara al decir que se va en cinco años, y eso es importante para la democracia», señaló un analista político en una entrevista televisiva.
También fue bien recibido el anuncio de la declaratoria de emergencia del sistema de seguridad ciudadana y la militarización temporal de las zonas más peligrosas del país. La promesa de construir más cárceles, de depurar la Policía Nacional y de endurecer las penas contra los delincuentes fue aplaudida por los sectores más afectados por la ola de extorsiones y sicariatos que azota el país.
Sin embargo, los críticos del discurso señalaron los grandes vacíos que, a su juicio, dejó la presidenta. Fujimori no mencionó en ningún momento a las víctimas de las protestas sociales de 2022 y 2023, ni se comprometió con la búsqueda de justicia y reparación. Tampoco habló de la reforma del sistema de justicia, de la lucha contra la corrupción al interior de su partido, ni de la necesidad de fortalecer la institucionalidad democrática.
El mensaje también fue criticado por la oposición por su excesivo énfasis en la mano dura y por la ausencia de propuestas concretas en materia de salud, educación y medio ambiente. «Fue un discurso de campaña, no un plan de gobierno. Muchas promesas, muchas generalidades, pero pocas medidas concretas para resolver los problemas reales de la gente», afirmó un vocero de Juntos por el Perú. El gobierno de Fujimori recién comienza, y el tiempo dirá si las promesas se convierten en realidad. La expectativa es alta, pero la paciencia de la ciudadanía es corta.



