Patrulleros entregados a la Policía hace dos meses siguen sin entrar en servicio

Los 23 patrulleros que fueron entregados a la Región Policial de Huánuco hace dos meses, en medio de una ceremonia llena de promesas y expectativas, continúan estacionados en los patios de la institución sin haber entrado en servicio, debido a la falta de documentación y a trámites burocráticos que no terminan de resolverse. La situación ha generado malestar entre los policías y la ciudadanía, que ven cómo los vehículos se deterioran sin ser utilizados.

Los patrulleros, de marca Toyota y equipados para el servicio policial, fueron adquiridos por el Gobierno Regional de Huánuco bajo la modalidad de Obras por Impuestos, con una inversión de más de 4 millones de soles. La entrega oficial se realizó a fines de mayo, con la presencia del entonces gobernador regional y del jefe de la Región Policial, en un acto que fue presentado como un hito en la lucha contra la inseguridad.

Sin embargo, dos meses después, los vehículos siguen sin poder ser utilizados porque no han sido registrados a nombre de la Policía Nacional del Perú. La transferencia de propiedad requiere de una serie de trámites ante la Sunarp y el Ministerio del Interior, que aún no han sido completados. Fuentes policiales denunciaron que la demora es responsabilidad del Gobierno Regional, que no habría cumplido con entregar toda la documentación requerida.

El jefe de la Región Policial de Huánuco, general José Luis Gonzales Quintero, reconoció la demora pero aseguró que el problema está en vías de solución. «Estamos coordinando con el Gobierno Regional para que nos entreguen los documentos que faltan. Esperamos que los patrulleros estén operativos en las próximas semanas», declaró el oficial, en un intento por calmar los ánimos.

La población huanuqueña, mientras tanto, sigue siendo víctima de la delincuencia y la extorsión, y se pregunta por qué los patrulleros, que tanto necesitan los policías para patrullar las calles, siguen sin entrar en servicio. La burocracia estatal, una vez más, se interpone entre las necesidades de la gente y la acción de las autoridades. La seguridad no puede esperar. Los patrulleros, quietos en los patios de la policía, son el símbolo de un Estado que se mueve con demasiada lentitud. La paciencia de la ciudadanía se agota.