A más de una semana de que se conociera la denuncia por agresión física contra una mujer presentada contra el diputado Julián Pérez Mallqui, la bancada de Juntos por el Perú (JP) aún no ha dispuesto una sanción efectiva contra el congresista, más allá de una suspensión temporal que, en la práctica, no se ha hecho efectiva. La falta de contundencia del partido ha generado una ola de críticas de parte de la opinión pública, los colectivos feministas y la oposición política.
La suspensión temporal anunciada por JP a través de un escueto comunicado no se ha materializado en ninguna medida concreta. Pérez Mallqui no ha sido apartado de sus funciones legislativas, no se le ha abierto un proceso disciplinario interno, y sigue gozando de todos los derechos y privilegios como congresista. La bancada, liderada por Roberto Sánchez, se ha limitado a esperar los resultados de la investigación fiscal, sin tomar ninguna acción interna.
La falta de sanciones contra Pérez Mallqui contrasta con las promesas de JP de defender los derechos de las mujeres y de luchar contra todo tipo de violencia. Colectivos feministas han protestado en las afueras del Congreso exigiendo la expulsión del diputado, y han denunciado la hipocresía de un partido que utiliza la bandera de la mujer para ganar votos, pero que protege a sus militantes agresores.
Roberto Sánchez, líder de JP, ha evitado pronunciarse directamente sobre el caso, y en sus pocas declaraciones a la prensa se ha limitado a decir que «hay que respetar el debido proceso» y que «no se puede condenar a nadie sin pruebas». La actitud de Sánchez ha sido calificada por la oposición como una muestra de «debilidad y complicidad».
El caso de Pérez Mallqui es un nuevo dolor de cabeza para JP, que ya enfrenta una crisis de liderazgo tras la derrota en la segunda vuelta electoral y las tensiones internas entre el ala moderada y el ala radical del partido. La falta de sanciones efectivas contra el diputado denunciado por agresión es una mancha más en el historial de una agrupación que prometió ser la voz de los excluidos, pero que en la práctica está demostrando que defiende los mismos vicios de la vieja política.



